El velo se corre, la puerta se abre; la verdad... libera. Vieja manía... crear metáforas. A fin de cuentas, la realidad no existe. La realidad... bella palabra.
Soñábamos dormidos, como todo el mundo, desde siempre. Soñábamos todo aquello que podía ser. Era fácil, era simple. Había esperanza. Soñábamos...
Ahora lo hacemos despiertos, con las manos crispadas, en actitud hostil. La mirada está fija en el paso del tiempo. El futuro huye. La esperanza... vaga desesperada.
No es posible hacer el amor sin ser consciente de ello; otra cosa es caer en la demencia o en la animalidad. Nunca el abandono total, nunca la completa ausencia. Hacer el amor requiere de esa fisura. En ese diálogo puramente humano es necesaria la mirada de uno consigo mismo... luego del otro.
¿Qué puede pretender uno, sobre todo cuando ya se dio cuenta del final del juego? Nadie gana, ves? Siempre termina igual, con esa serenidad trágica que tanto molesta... en principio. Nada qué hacer. Se te ocurre una sonrisa?